Debo confesar que no soy gran seguidor de aquellas series que la gran mayoría de sus capítulos repiten un mismo hilo argumental. House es una de ellas y quitando la originalidad que supone el personaje principal y la calidad de los guiones y las tramas que van surgiendo entre los actores protagonistas, la serie tiene el mismo guión: un caso inverosímil, un House superior que es capaz de detectar la enfermedad por la menor pista o el más insignificante comentario y los subalternos de House que juegan a lanzar teorías.
Sin embargo, la cuarta y la quinta temporada tienen una serie de capítulos que merecen ser vistos aunque no se sea seguidor de la serie.
Sin duda, el final de la temporada 4 es sublime. No voy a entrar a desvelar su contenido, pero el modo en que House emplea técnicas médicas para exprimir y conseguir extraer sus recuerdos tras un accidente, es increíble y aporta una gran frescura a la serie que, sin duda, permite relanzar la marca House hacia una quinta temporada.
Precisamente, el comienzo de está ultima temporada, recientemente finalizada en Cuatro, pierde algo de nivel, a pesar de plantear un nuevo episodio de la amistosa guerra entre House y su amigo Wilson. Sin embargo, el paso de los capítulos y la sorprendente reaparición de antiguos personajes, vuelve a despertar el interés del espectador para un final que nos deja a un House desconocido en una situación en la que los seguidores de la serie jamás habrían podido imaginar.
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